Pintor de retratos. Retratos por encargo.

El que quiera ser “pintor de retratos” y disfrutarlo tiene que tener en cuenta que no pasamos por el mejor momento y que no parezca que le importe. En esta entrega “Yolopinto” y yo nos ponemos irónicos y ofendidos. Pretendemos ser brillantes y un poquito incorrectos para , al final, buscar tu complicidad. Sí: hay cosas peores que ser “retratista”. Y no, entre estas cosas no está querer un retrato. Ni que sea el tuyo…

Vamos allá.

Retrato de familia con osito de trapo. 1ª versión.

El debate entre pintura figurativa y abstracta está finiquitado hace tanto tiempo que me resulta ridículo señalarlo. Pero me crié bajo la influencia de sus últimos coletazos y tengo que reconocer que me afectó mucho. Hablar o pensar en Pintura es, para mí, hacerlo todavía en términos de “pintura abstracta” o “pintura figurativa”, atribuyendo a una valores que no ha de tener la otra y viceversa… Para llegar al acuerdo de que son complementarias al fin y al cabo y quedarnos tan contentos. ( En realidad no son “complementarias”, ni son “dos caras de la misma moneda”… Son “lo mismo”. Pero ese es otro post).

Todo esto puede ser. ¡Pero qué más da ya! Ahora hay hasta gente, personas incluso, que dicen que la Pintura está desfasada, muerta y enterrada. Una especie de zombie que habría que pulverizar en aras de algún provecho , pureza y liberación cultural. Es como si la Pintura -toda la pintura; pero especialmente la figurativa- nos instalara en un pasado de superchería.

Retrato familiar con osito de trapo. 2ª versión

Personalmente creo que tienen razón. La Pintura es atávica mogollón. Pero la naturaleza humana también. Y ni es malo ni bueno per se. Es así y se acabó. No puedes negarlo ni revelarte. Es mejor aceptar y comprobar que además de atávico se puede ser racional, empírico, humanista, espiritual, científico, contemplativo, materialista, positivista blando, duro y/o permeable. Todo a la vez y/o por partes. Todo menos neo-post-liberalista económico… ¡De esto me libre Dios, crea o no crea en él!.

Todo esto no es más que una introducción. Sí, sí. Es para defender que se puede ser de todo – o casi- incluso pintor retratista. ¿Y eso? Comprendo el escándalo. Yo me he mirado a menudo al espejo para darme asco y vergüenza. No sólo soy pintor: una reliquia; no sólo soy pintor figurativo: un desecho cultural; sino que además soy “retratista”!!! Ser pintor de retratos en tiempos de Velazquez y Goya era haber alcanzado la cumbre profesional. Ahora te convierte en sospechoso de practicar la hez de la pintura de género. Te convierte en emblema y lameculos del poder y de quienes lo ejercen de forma más chusca, ególatra y cutre. Sí: es lamentable; pero es así y es verdad. No hay mas que ver un noticiario para que nos lo enseñen (afortunadamente) ¡Que se jodan! Nos reiremos en su jeta y en la jeta de su retrato. Será lo mismo.

Retrato de familia con oso de trapo. Versión final.

¡Y este es el quid de la cuestión!. Aún en la más ridícula de las pinturas- y ni digamos en las buenas- hay un trasvase entre el retrato y el retratado. Un transvase “atávico”, ficticio, irreal e insuficiente… utópico… pero emocionante no obstante. En la utopía está la emoción. Como un retrato de Van-gogh , de Velazquez o Goya; de Lucían Freud o David Hockney y tantos, tantísimos otros a lo largo de la historia de la Pintura que – por más que se empeñasen algunos arribistas intelectuales – no va a decir nunca su última palabra. Especialmente en el retrato, mientras queden personas interesadas en otras personas. Mejor dignas a ser posible. Para querer un retrato no hace falta tener chimenea, ni ser importante, ni tener complejo de Dorian Gray. Es preferible ser humilde y quererse “celebrar”. Con eso basta y sobra.
– No te flipes “Yolopinto”: tú eres pintor, no moralista”

Acerca de estas obras:

Estos dibujos son estudios y bocetos para un retrato del que estuve y estoy orgulloso. Tienen ya unos añitos. Los he recuperado en un carpetón haciendo orden en mi estudio y me han parecido adecuados para ilustrar este post sobre los retratos y las connotaciones que conlleva pintarlos y si son justas o no…todo lo cual no dejan de ser desvaríos personales. Soy consciente. Al final la emoción la pone uno.

Los dibujos fueron realizados con lápiz carbón sobre papel. Algunos con imprimación de piedra pómez.  La verdad es que sí tengo muy poca imaginación y por eso, supongo, pinto lo que veo y no más… lo que me convierte, creo yo , en un pintor de retratos con buenas posibilidades.

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