Diario de Navidades en Acuarelas.

Acuarelas Yolopinto 1 de Enero

Ayer noche todos dimos de nuestra parte lo mejor que tenemos. La pequeña Matilde y #MiKike brillaron más que los fuegos artificiales y Yolopinto cerró el año con empacho y tripotera. Ya está mejor, gracias. Esta es la primera acuarela de 2018 y ,claro, ¡va por ustedes!

Acuarelas Yolopinto 2 de Enero

A menudo me gusta hacer a solas las cosas que más me gusta hacer. Supongo que me hace sentir que esto de ser tan egoísta, después de todo, no está tan mal. Si la ocasión es especial – como la fecha de ayer – tanto mejor. Me desperté tempranito, me abrigué bien – o eso pensé – y me fui a dar un largo paseo por esta ciudad tan particular que es Luxemburgo, mezcla de cuento de Andersen y de película futurista.

Hice otra vez un montón de fotos y me pillé un catarro. Esta noche he pataleao en la cama todo el rato, soñando que era un tipo bastante menos interesante de lo que le gustaría ser, que además se encamina con cada año que pasa, directamente al desastre. Entonces me he despertado y mi primer pensamiento ha sido : “vaya, no he dormido nada hoy”. Y el segundo: “a ver si puedo sacar un rato para pintar una acuarela”

Acuarelas Yolopinto 3 de Enero

Con catarro y todo, no me quise perder el último paseo del último día que pasamos entero en Luxemburgo. Hoy toca regreso a casa con sobrepeso de kilos, mocos y emociones.

Acuarelas Yolopinto 4 de Enero

Ya estamos a punto de rematar la faena. Las maletas preparadas y preparándonos para decir “adiós”. Despedirse es complicadito. Siempre quedan cosas pendientes… o lo parece. Es como hacer la maleta. Yo nunca sé dónde está lo imprescindible.

Mientras guardaba las acuarelas he echado un último vistazo por la ventana. Hay una residencia de ancianos al otro lado. Hay una buena distancia y desde aquí no puedo distinguir los rasgos de las personas tras los cristales de cada habitación. Pero sí que han ido haciéndoseme familiares sus perfiles y sus hábitos. Son un tratado de la soledad. Hay una señora que pone una mano encima de la otra en su regazo y mira por la ventana hacia una calle donde no pasa nadie. Otra se agita en su cama ultramoderna subiendo y bajando palancas sin encontrar la postura. Un señor mira la tele. Es una residencia de lujo pero da asco.

Este primer mundo no sabe qué hacer con sus viejos. Al ladito de la residencia hay un pequeño cobertizo de madera pintado de rojo. A pié de calle hay un ridículo jardín pseudo japonés. Me imagino que es allí donde guardan los aperos. Quizás sea también un decorado.

Acuarelas Yolopinto 5 de Enero

Hace unos añitos ya, me ofrecí a cuidar del gato de una amiga que se iba de viaje. Básicamente la tarea consistía en pasar por el piso diminuto y reponer la comida, el agua y la arena. Era una tarea que parecía a mi alcance y la posibilidad de fastidiarla era lejana. Pero me dió por pensar que el gato se sentiría solo y desgraciado y que podría llevarlo a mi casa y jugar con él. Hacer una buena acción y ahorrarme los paseos… en definitiva.

El gato se llamaba Gus y era un persa negro, bellísimo aunque tremendamente gordo, sin duda por un régimen de confinamiento excesivo y quizás también porque mi amiga, para sentirse menos culpable por tener un bicho tan espléndido en unas condiciones tan escasas, le echaba de comer indiscriminadamente. Para el buen Gus, pasar una temporada en mi casa, con plantas, terraza y la posibilidad de hacer algo de ejercicio por los tejados, iba a ser un sueño .

O eso pensaba yo cuando metí al gato en su trasportín y lo bajé al coche. A punto de arrancar le eché otro vistazo. El bicho estaba boqueando con un ataque de ansiedad del tamaño de Godzilla. Rápidamente lo devolví a su área de confort y me quedé hasta comprobar que estabilizada sus constantes. Le llevó un rato. Yo soy como ese gato. Lo que más me gusta de ir de viaje es el regreso.

Acuarelas Yolopinto 6 de Enero

Aquí están estos Reyes Magos sorprendidos “in fraganti” tras su paso por el súper para reponer los estantes de la nevera. Curra tiene carita de pena porque no suele ir con correa; pero de vez en cuando hay que seguir las pautas que nos recuerdan que vivimos en sociedad. En general el comportamiento de Curra es buenísimo y acertado como por instinto…. salvo cuando se trata de hacer “sus necesidades”. Es una perra rara. Si la calle está desierta excepto por un banco donde hay tres señoras que toman el sol, ella irá a hacer sus cosas justo delante. Si hay una mamá dando la merienda a sus niños, ella irá ahí: bien cerquita. Si en la puerta de un bar hay un grupo de gente fumando… ya sabemos dónde estará y haciendo qué.

¿Tiene esto explicación? Esta tarde, a pesar de la lluvia, hemos salido a dar una vuelta. La calle estaba oscura y vacía. Sólo dos individuos caminaban unos pasos por delante. Con mucho trabajo sostenían entre los dos una larga y pesada viga. Parecía haberles sorprendido el chaparrón porque ninguno de los dos iba equipado y las gotas les chorreaban. De verdad que daban penita. Naturalmente, Curra se plantó delante con esa cara ridícula que ponen los perros al hacer sus cosas, y les miró mientras tanto, como diciendo: “pues yo también ando apurada.”

Acuarelas Yolopinto 7 de Enero

Las personas que vivimos con un perro – o dos – somos afortunadas. La responsabilidad de proveerles de buenos paseos, nos da la ocasión de conocer el mundo a nuestro alrededor de un modo que de otra forma seguramente, se nos escaparía.

Lo diré más claramente: ¿qué clase de tarado iba a salir de paseo con la que estaba cayendo y lo a gusto que estaba en su cama, de no ser porque los perros han de mear? Lo cierto es que una vez que estás en la faena, es más que fácil dar un paso tras otro y enseguida la vida, que es generosa con los que se quitan las legañas, empieza a desplegar bondades a tu paso.

¡Anda, mira: la garza en el Manzanares! Hace frío y llueve. La garza también me mira a mí.

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