En el último post me entretuve hablando de cómo y porqué el pequeño “Yolopinto” se enredaba en explicaciones sobre sus actos. Y descubrí en esta terapia que son los mismos motivos de hoy. ¡Sorpresa!

No son más ni menos que un afán por entenderse y hacerse entender. También de comprender las limitaciones en lo que uno hace y aceptarlas para, como dice el refrán, “hacer de la necesidad, virtud”. A ver si no qué nos queda…

Otra frase refranera que me deja perplejo es: “cuando el sabio señala la luna, los necios miran el dedo” Yo, que de sabio no tengo un pelo, no dejo de preguntarme hacia donde mirará la gente si me da por señalar.

Y sí que me da por señalar. Llevo señalando desde que me acuerdo. Y llevo preocupándome por apuntar a diana, lo mismo que por explicar a todo el mundo qué estoy haciendo y porqué. Resulta estúpido y agotador, más que nada porque no sé muy bien qué estoy haciendo ni porqué, pero ya dije que no soy un sabio.

Al menos siento que se acaba el tiempo de dar explicaciones por obligación. Si es por gusto ya es otra cosa.

Los artistas – perdón por atribuírme el uso estupendo del término – nos pasamos la vida “señalando” cada vez que algo nos llama la atención. Al pasar a la acción, la obra que creamos es la señal a la que me refiero. Aquello que nos reclamó la atención es muy frecuente que esté rodeado de otras miles de cosas igual de interesantes, puede que más… la tarea del artista consiste en ser eficaz en sus señales para que ni el espectador – ni él mismo – se despiste en cuanto a las intenciones del artista. Sería el sabio señalando inequívocamente la luna sin que el resto del firmamento se le cuele por medio. Conste que el sabio es reconocible porque consigue que hasta los necios vean la Luna y no su dedo ni el resto de los planetas y las estrellas. El “medio sabio” sólo consigue afectos entre los que son de su misma cuerda.

( Por otra parte los que no son necios no necesitan de sabios ni dedos, sólo de buena compañía )

A veces me parece que no hay que preocuparse tanto . Hay muchísima gente que apenas se preocupa por nada. En cierto modo ellos se lo pierden, porque preocuparse y analizar también tiene su “qué”. Todo dentro de un orden y unos límites que no nos lleven al exceso de control. Creo hay que ser menos controlador de lo que yo he sido y permitir que los demás atiendan al sabio, a la luna o a su uña. Querer tener todo bajo control, ser un perfeccionista es tarea inagotable y por tanto inútil. Las personas que somos así intentamos compensar una inseguridad: la desconfianza grande en nosotros y en el valor de lo que hacemos.

Pero no es ningún drama. El verdadero drama – como escribió Zarraluqui- es no poder superarlo. ¡Hay que ver cómo me van hoy las grandes frases!. Y no se supera sin comprender. Poco a poco yo también encuentro las palabras que me sirven para comprender lo que hago. Porqué de esta manera y no de otra. Porqué con acuarelas y no con fotos o grandes cuadros…o escribiendo…. porqué estos motivos y temas y no otros … Todo esto es muy abstracto pero para el próximo post, prometo tocar tierra. Entretanto os dejo con otra frase estupenda: “lo perfecto es enemigo de lo bueno”…

Acerca de las imágenes: lo mismo que en el post anterior y para el siguiente igual, estás acuarelas pertenecen a una serie “abierta” sobre lo que uno puede ir encontrando en un paseo cualquiera – aunque en este caso se trata del Real Jardín Botánico de Madrid, nada más y nada menos- Son todas de un  mismo pequeño tamaño, algo mayor que una tarjeta postal;  y están hechas prácticamente sin pensar, como probablemente hayáis adivinado o supuesto. No sé si son el dedo o la Luna pero me conformaría muy mucho si fueran el hilo invisible que los une.

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