He dado clases de pintura durante muchísimo tiempo y a pesar de que me decían que lo hacía bien, nunca dejé de sospechar que yo era un bluff. Algún tiempo después estoy retomando la actividad. Siempre es por demanda ajena y siempre queda todo el mundo contento y quieren más. Pero sigo sintiendo la misma punzada. Realmente no sé qué espero de mí. Quizás si tuviera un buen método de enseñanza… algún procedimiento fiable que pudiera seguir en cómodos pasos… Pero no. Ni siquiera lo tengo en mi proceder habitual. Desconfío de “pintar bien” y no lo quiero para mí, y por lo tanto, tampoco para las personas que vienen a mis clases. La principal razón es que cuando he pintado correctamente no he sido feliz. A las pinturas que hacía no se les podía achacar ningún defecto, salvo el de resultar aburridas. Pintar “bien” en mi caso no funciona. Sé cómo se hace y podría enseñarlo. Pero de esta manera sí que sería un bluff. Mis mejores obras proceden de la felicidad y la incertidumbre.

Una vez escuché a un señor que salía en la tele. Cuidaba los camellos de los Reyes Magos y le preguntaban dónde había aprendido a hacerlo. “En ningún sitio, señorita, basta con que los camellos te gusten mucho y entonces quieres estar con ellos y te das cuenta de lo que necesitan”. ¡No es sencillísimo! No tengo mejor enseñanza que la de este señor. Quizás no sea un método eficaz para aprender a operar a corazón abierto, ni a levantar puentes o pilotar aviones; pero afortunadamente nadie nos va a exigir responsabilidades. Saber pintar “bien” no es cuestión de técnica. En algunas escuelas se enseñan técnicas dirigidas a pintar de una determinada manera que se considera la correcta. No me parece mal. Es sólo que yo creo que la técnica se ha de ir encontrando y desarrollando con la práctica y cada persona caerá en la que mejor le cuadre… como algo natural. El profesor es un acompañante. Nacemos sabiendo pintar de manera orgánica. Es un rasgo más de nuestra especie. Vamos paulatinamente convenciendonos de lo contrario al tiempoClases-pintura-acuarela que se nos impone sutilmente la crónica de lo que se espera que hagamos. Es un necesario aprendizaje social que se cobra un caché. Pero pintar bien no es llegar a un resultado socialmente apreciado o no. Esto es algo que va a pasar, pero es más bien secundario. Pintar bien es tan sólo estar “dentro” del cuadro mientras lo pintas. ¿Cómo se enseña esto?